Correr el SaharaMaratón una experiencia de vida.

Categories EditorialPosted on

Ser libre no solo es romper tus cadenas, sino vivir respetando y mejorando la libertad de los demás. Nelson Mandela.

Regrese de los campos de Refugiados en Argelia, aunque a decir verdad no estoy segura si regrese o sigo allá, porque mi mente viaja a cada momento, con los recuerdos que vienen a mi cabeza o quizás porque estuve ahí antes de que la vida como la conocíamos cambiara.

En el futuro se podrá leer acerca de este mal que agobio al mundo en los libros de historia, como sucede en la actualidad que enseñan a nuestros hijos y nosotros mismos leemos acerca de temas como La Peste Negra que se originó en el siglo XIV o las numerosas pérdidas humanas durante el Holocausto que se calcula en 17 millones: 6 millones de judíos y otros 11 millones que integraban otros colectivos

Así que una cosa es seguro algún día saldremos en los libros de historia, el asunto de esta parte es saber cómo queremos que la historia cuente de nosotros. Como una sociedad carente de conciencia y en deterioro o como una sociedad que recibió una sacudida y se replanteo una mejor forma de vida, más acorde con el medio ambiente, más empática con los menos privilegiados, más sensible a los problemas de otros.

Viajar a los campos de refugiados y ver la vida como ellos la tienen que vivir ha sido una gran experiencia, que seguramente no pudo haber llegado en mejor momento.

Mientras escribo esto, estoy recluida como muchos en el mundo, en mi pequeño apartamento que ahora me parece como un palacio,  con mi cama cómoda y mi ropa limpia, puedo abrir el refrigerador y encontrar comida y si me hace falta algo puedo tomar el teléfono hacer una lista y en un par de horas alguien de alguna tienda me la hará llegar, puedo tomar mi teléfono y encontrar a la gente organizándose en las redes recomendando rutinas de ejercicio y entrenamientos, he escuchado conciertos de artistas en la sala de mi casa, y  tengo la fortuna de poder seguir trabajando desde aquí.

Este análisis de la forma en que paso mi vida, mientras desde diferentes trincheras el mundo entero lucha contra un enemigo diminuto que nos mantiene viviendo bajo estrés, me lleva a tomar conciencia de la forma en que estamos viviendo y no puedo evitar las comparaciones, de un conflicto ignorado porque solo afecta a un pequeño país del cual se conoce poco y del clamor mundial por muchos países que se han movilizado para sortear esta crisis que afecta una gran parte de la población en el mundo.

Cuando llega uno a los campamentos en Tindouf es acogido por una familia saharaui, en donde vives durante una semana, adaptándote a sus costumbres y a la forma en que viven

He hablado con mi “familia” saharaui y me han dicho que en los campamentos todo está bien, este mal que aqueja al mundo no ha llegado hasta ahí, es una bendición porque ¿cómo podrían salir adelante?, o quizás, sorprendentemente ellos podrían salir adelante, ya que están acostumbrados a luchar y resistir.

El maratón es el “pretexto” si pudiéramos llamarlo así, que un grupo de benditas personas encontraron para dar a conocer el problema que viven miles de saharauis que tuvieron que huir de su país, el Sahara Occidental.

Así que básicamente este Maratón es cien por ciento altruista, los costos que pagas por participar incluyen tu participación en la carrera, las comidas y el alojamiento con una familia saharaui, así como el vuelo de ida y vuelta contratado para llevar a todos los corredores, el vuelo sale de Madrid y después de cuatro horas llega a un aeropuerto militar en Tindouf en Argelia. Llegamos el 22 de febrero, después de pasar los controles y las caras poco amigables de los militares, lo que hoy es la noticia más importante en todo el mundo no nos pasaba por la mente, quizás por eso el descontrol cuando fuimos revisados, examinados y obligados a usar un tapabocas que a cada uno nos entregó el ejército mientras descendíamos del avión, después de eso se nos tomó la temperatura, y se revisó nuestro equipaje detenidamente, en ese momento todo esto parecía un exceso,  sin imaginar que unas semanas después esa precaución y más se estarían tomando en todos los aeropuertos del mundo.

Nos hemos subido a unos camiones viejos y desvencijados que seguramente tuvieron su época dorada y que nos trasladan por carreteras solitarias, un par de horas después y de un poco de incertidumbre,  hemos llegado a los campamentos, deben ser las 2 de la mañana, los autobuses han sido custodiados por el ejército,  para ver que cada camión llegue a salvo a su destino, es que los corredores vemos esto como un pasatiempo, vamos con la finalidad de la aventura y hacer lo que nos gusta, pero cuando estás ahí te das cuenta de que esto que los corredores hacemos por diversión es algo que se toman muy en serio en los campamentos Saharauis, es una de las pocas oportunidades que tienen de hablar y dar a conocer su situación, por eso ponen tanto cuidado y atención a cada corredor que llega hasta ese sitio tan remoto, todo está calculado para recibir en esta ocasión a  unos 500 asistentes de todo el mundo, entre corredores y  grupos de voluntarios que van hacer trabajo en los campamentos,  como los estudiantes de la escuela de nutrición que llevo Mari Orcina fundadora y presidenta de  la ONG “MOSSsolidaria” graduada en nutrición humana y dietética y que hace trabajo en los campamentos de refugiados, además de ser una estupenda corredora y es que sin lugar a dudas Mari ha sabido conjugar muy bien su amor al deporte y a las causas sociales.

Conocer a Manha y Mulay, la familia Saharahui que me recibió y me adopto como parte de su familia, a mis compañeros corredores con los que entable lazos que duran para toda la vida, haber vivido una experiencia tan fuerte para regresar y encontrarme con la situación que ahora vivimos me hace cuestionarme, como debería yo tomar esta situación, le doy la seriedad que se merece pero no dejo de pensar en ellos, en los años que llevan en los campamentos, en  las minas enterradas en el desierto,  en la falta de servicios, en que viven de la ayuda humanitaria que por el momento no están recibiendo, en los países involucrados y  las pocas ganas que tienen de arreglar ese conflicto.

El padre de Manha, el Señor Sidi Mohamed Abad Hatri, fue un preso político, estuvo en una cárcel española por varios años, su foto se encuentra en el Museo de la Resistencia Rabuni junto a las fotos de otros presos que afortunadamente como el fueron liberados tras algunos años.

Hoy “Buchinguisa” como le llama Manha a su padre es un hombre de edad pero que conserva el aplomo de alguien que ha tenido una vida dura y no se ha rendido, vestido con su túnica y con las huellas que la guerra ha dejado en su cuerpo, se conserva como un hombre fuerte, que contrasta con el hombre que he visto cada mañana acercarse a cuidar a una pequeña planta, que ha sembrado a unos metros de la jaima, quien pudiera decir que ese hombre que peleo en la guerra, que fue capturado y padeció el encierro, sea el mismo que veo en cuclillas, regando cuidadosamente esa plantita,  le ha colocado una malla alrededor para protegerla y en las noches la tapa con una manta, dice Manha  en tono de broma que quiere más a su planta que a la familia, he leído por ahí un refrán que dice “Cuando un hombre planta arboles a cuya sombra sabe que nunca habrá de sentarse, ha comenzado a entender el sentido de la vida”

Así que pienso que quizás la situación que estamos viviendo, es que esta es una oportunidad para reflexionar en cómo queremos que nos recuerde la historia como seres humanos egoístas o como una humanidad que recibió una llamada de atención y la aprovecho para construir un mundo mejor.

El año que entra regresaré, ¿te gustaría participar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *