Lo que nos enseñan las montañas.

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No permitas que los pensamientos negativos entren en tu mente porque son las malas hierbas que estrangulan la confianza.

En la mitología mexica, Iztaccíhuatl era una bella princesa enamorada de Popocatépetl, el más apuesto y valiente de los guerreros. El padre de la princesa envió al guerrero a una batalla con la promesa de entregarle a su hija a su regreso, si este le entregaba la cabeza de su enemigo.

Después de jurarse amor eterno, la princesa y el guerrero se separaron. Ella quedo totalmente desconsolada y el partió con la frente en alto y con el corazón henchido de amor.

Un tlaxcalteca, pretendiente de Iztaccíhuatl le dijo a esta que su amado había muerto en la batalla y logro convencerla de que se casara con él. Tiempo después, el guerrero regreso victorioso; pero Iztaccíhuatl, que ya se había entregado al tlaxcalteca, se suicidó ante la imposibilidad de ofrecerle a su gran amor su pureza. Como consecuencia, el guerrero murió de tristeza.

Esa noche, los aztecas vieron que en su valle habían surgido dos magníficas montañas: una con forma de mujer recostada y la otra, alta, impresionante, como un guerrero hincado a los pies de su mujer. Eran los dos amantes a quienes los dioses habían convertido en inmensas montañas para que eternamente el pueblo recordara la historia de este infortunado amor

Popocatépetl aún lanza humo de vez en cuando para confirmar que vela por Iztaccíhuatl que duerme junto a él.

Se dice que, desde lejos el tlaxcalteca, convertido en la montaña Citlatépetl (Pico de Orizaba), vigila el sueño de los amantes a quienes ya nunca podrá separar.

Me encanta esta leyenda de los Volcanes, cuanto de cierto sea no lo sé, lo cierto es que podemos disfrutar de estos tres bellos volcanes enmarcados con esta historia, he regresado al Iztaccíhuatl, hace una semana intente llegar a la cumbre con un grupo de excursionistas liderados por Axel de la empresa Axtrim Mountain and Photography, @axlaxtrim un extraordinario guía de montaña con un equipo material y humano excelente.

No fue un buen ascenso para mí y no pude llegar a la cumbre, empezamos a la media noche desde el campo base instalado en La Joya a  4000 metros, desde ahí hasta llegar a la cumbre que se encuentra a 5220 metros han de pasar algunas horas, los ascensos desde La Joya empiezan a esta hora para poder llegar al amanecer  y ver la salida del sol.

En esta ocasión los pensamientos no ayudaron mucho y parece que desarrolle un poco de mal de montaña, y aunque soy una defensora del poder del pensamiento sobre el cuerpo, lo cierto es que mientras iba subiendo, el frío a unos cuantos grados bajo cero, la oscuridad en la que no soy muy buena para caminar y la falta de descanso adecuado en los últimos días  no  permitieron que pudiera continuar, así que cerca de las 3 am llegue hasta el refugio conocido y llamado del “Grupo de los cien” a 4715m y una vez ahí mi cabeza y mi cuerpo no sé en qué orden primero se negaron a seguir ascendiendo. Así que tuve que separarme de mis compañeros de ascenso y de mi buena amiga kiky a quien conocí en mi viaje a Nepal para correr el maratón del campo base del Everest y que tenia la emoción de coronar la cumbre, todos ellos se veían en perfectas condiciones o así los veía yo, horas más tarde pudieron disfrutar de un gran espectáculo desde la cumbre del Iztaccíhuatl.

Pase unas horas intentando dormir y resguardarme del frío junto con otros 30 montañistas que se refugiaban ahí, recordaba a un amigo que algún día me dijo que dentro del refugio no solo se encontraban montañistas sino también simpáticos roedores que como uno también buscan refugio, no sé si sea cierto, pero estaba tan agotada mentalmente que, si debía dormir con un roedor en la cabeza era algo que no importaría.

Un par de horas después cuando ya había amanecido y el sol alumbraba y calentaba ya con sus rayos, abrí los ojos y pude darme cuenta de cuan diferente se veía el mundo.

Mientras descendía por los senderos de la montaña, con Dominic uno de los guías de montaña y voluntario montañista de rescate, las dudas sobre mis capacidades me atacaron pensando si en efecto este asunto de la edad y mi creencia de que solo es un número y que no determina lo que puedes hacer o no, me lo he inventado yo o realmente ¿si exista un límite marcado por los años?

Así que una semana después he regresado a visitar a la mujer dormida, no pensando en hacer cumbre sino cambiando la estrategia, para cambiar esos pensamientos que rondaron en mi cabeza, decidí subir hasta el refugio aquel en que llegue agotada, quería saber que había pasado y corregir lo que había hecho mal.

Fue una buena experiencia, me sentí muy confiada empecé el ascenso a las 9 de la mañana y al medio día había llegado al refugio, unos minutos después emprendí el descenso, tuve una vista espectacular del Popocatépetl que te acompaña a lo largo del sendero, y en ocasiones te hace volver la vista cuando puedes observar sus exhalaciones recordándote lo minúsculos que somos en este universo.

Solo fue la mitad del ascenso, pero la confianza volvió, es cierto quizás no puedo seguirles el paso a los jóvenes de 30 años, pero puedo ir a mi propio paso y hacer muchas otras cosas.

Y entonces esto fue lo que aprendi de la montaña.

No puedes ir al ritmo de nadie, tienes que encontrar tu paso, como en la vida para todas las cosas.

A veces el camino se pone rudo y puedes padecerlo, puede sacar lo peor de ti, pero siempre hay un momento en que ese camino difícil se termina.

Cuando sientes que el lugar al que tienes que llegar está muy lejos voltear al camino recorrido ayuda para seguir adelante

Si creías que una subida era difícil, las bajadas son peores, pero puedes encontrar diversión y aprendizaje en ambas.

En los momentos más difíciles es importante controlar tus pensamientos porque tu mente puede tanto hundirte como salvarte.

No hay mayor satisfacción que saber que lograste lo que parecía imposible. A veces tu cuerpo, tu mente y tu espíritu tienen sus maneras de enseñarte de lo que eres capaz y sorprenderte gratamente.

He llevado conmigo a mi joven adolescente de 15 años, en ocasiones se ha detenido porque la impaciencia de la juventud le pasa factura, así que creo que cada edad tiene sus propias limitaciones, pienso que estos años son la mejor época de mi vida suficientemente grande para tener experiencia y paciencia y suficientemente fuerte para poder seguir haciendo cosas.  

Así que en un par de semanas regresare, la montaña siempre está ahí, imponente y majestuosa esperando a los montañistas que con humildad se atrevan a desafiar sus senderos.

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